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    Es sobre todo esto que Ricaurte se pregunta y nos muestra cuerpos desnudos, primigenios, en movimiento.
    Las imágenes emergen de la textura (papel, madera), como una selva, como un camuflaje, o un adorno de
    adoración divina tatuado en la piel, de estos cuerpos looKumi y Karabali, un instante de creación, una danza
    de diosas al ritmo de los "tambores que hablan" del yoruba.

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    Un genético cuyo nombre no recuerdo dijo que todos somos negros bajo la piel. La piel, la capa que dialoga
    con el exterior, parece una excusa perfecta para la exclusión y la ignominia. Desmembrados en colores y
    fronteras, en capitales y religiones, perdimos la memoria y olvidamos el origen. Hijos de una misma tierra, muros
    infranqueables, infatigables se elevan a los ojos del sujeto racial.

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    Es la piel del mismo autor que incluye en sus grabados el rostro de su mujer, su cuerpo insinuado entra a jugar en la danza cósmica que se está sucediendo en ese instante eterno que es la obra.

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    Pero lo que aquí se remarca es la manera como desde la seducción, la herencia de los pueblos africanos se ha sumergido
    en el tejido de la cultura mestiza. Un homenaje y una manera de recordarnos, de apelar a nuestra memoria
    ancestral y hacernos espejo de lo humanos que somos todos.

Lookimi Karabali

Nombramos para recocer, para crear, para resistir, nombramos el mundo que construimos, en el que se es, un
mundo que nos incluye. Por eso esta obra tiene algo de mágica, algo de resistencia, cuando re-nombrando
vuelve evidente a los excluidos, en un acto casi ritual, recuerda, es decir vuelve a vivir el mito primigenio,
ancestral de un pueblo que fue esclavizado y que ha luchado por su libertad durante siglos.
Lúcumi y Carabalí son apellidos muy comunes en el Valle del Cauca y el Pacífico colombiano, que se ha
mantenido de generación en generación, desde los primeros africanos que llegaron a América como esclavos.
Los Lúcumi y Carabalí, eran reinos fronterizos, llegaron, en sus derrotas hechos esclavos a la nueva
España, ahora son familias vecinas en un barrio de cualquier municipio del sur occidente colombiano. Se dice
que los lucumi o lukumi, son los yoruba de América, debido a su saludo "oluku mi", "mi amigo". Los carabalí
guerreros temidos, por sus rostros incididos.

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